Aquí compartiremos las experiencias de toda la gente que está en tratamiento,  los familiares o los responsables de LARPA que voluntariamente quieran compartirlas. Podrás ver de forma resumida alguna de las vivencias y el cambio que supone dejar de jugar. Todas las historias que leas a continuación serán reales, los nombres de los protagonistas o algunos lugares podrán ser ficticios para preservar la total privacidad de las personas que formamos LARPA.

La experiencia de Maxi

Hola, no sé quien eres, pero si sé que lo que te voy a contar seguro que el leerlo no te hará ningún mal.

Soy Ludópata desde que casi tengo uso de razón, o por lo menos ya he perdido la noción de cuando empecé a jugar, de mi pasado no voy a hablar porque creo que no merece la pena ni que me acuerde de él, tan solo me sirve para aprender; pero si quiero hablarte de mi presente:

Soy Ludópata desde que casi tengo uso de razón

Mi presente es que después de haber perdido muchas cosas en el camino de la vida (cosas y personas) pero sobre todo he perdido VIDA creo que todo este tiempo no he vivido y es ahora cuando mi vida esta llena de paz, alegría, bienestar y todo aquello que yo desprecié en su día y teniéndolo lo tiré.

Puedo decir que cuando entre en la Asociación mi mirada no se levantaba del suelo, tan solo hablaba para contestar y siempre usando monosílabos por tanto puedo decirte que no quería para nada seguir con esa ruinosa vida y gracias a la insistencia de mi madre (mi madre coraje particular) que cambió toda su vida en dos años para estar a mi lado y hasta que no me ha visto como ella deseaba verme no se ha ido de mi lado. Ahora que estoy realmente bien, feliz es cuando me ha dejado empezar mi vida, porque si dijera reanudar no sería cierto.

 

Mi madre cambió toda su vida para estar a mi lado y no se fue de allí hasta volver a verme feliz de nuevo

 

Hoy día incluso además de tener una maravillosa relación con mi hijo (siento no poder decir lo mismo de mi ex-mujer) he encontrado incluso el amor de una mujer que nunca tuve y por eso creo que en esta vida cuando realmente estas siendo honesto contigo mismo las cosas salen bastante mejor que cuando tratas una y otra vez de engañarte.

Y soy muy feliz porque sigo en la Asociación y creo que mientras pueda estaré ahí tan sólo con el propósito de devolver un poquito con mi ayuda toda la ayuda que mis compañeros en su día me prestaron y que hoy mismo en cierta manera me siguen prestando.

Por todo ello si estas leyendo estas líneas y es tu problema o el de algún familiar o amigo, no dudes en ponerte en contacto con la asociación que más próxima o mejor veas, para salir de esto se necesita la ayuda de los demás, lo sé porque es la única manera de que yo haya salido.

GRACIAS POR LEERME, con sólo hacerlo merece la pena haberlo escrito.

Maxi

*Aunque encuentres comprensión y apoyo en tu entorno, tienes que saber que nadie cómo personas que han pasado, o están pasando, tu misma situación para comprender todo ese «cacao» que tienes encima.

Vivir con un ludópata

No es fácil intentar explicar lo que se siente cuando alguien a quien quieres te dice que tiene un problema, imaginas cualquier tipo de problema sin importancia pero el problema te sobrepasa solo con escuchar su nombre…..

Nunca había conocido antes personalmente a nadie que lo padeciera, pero sabía perfectamente lo que significaba la palabra ludópata. Debo admitir que cuando lo supe me sentí muy mal, pensé que nuevamente algo me fallaba en la vida, pero decidí apostar por la persona en si, obviando en cierto sentido la gravedad de la enfermedad, y lo cierto es, que no me he equivocado, ha conseguido salir de un pozo del que es muy complicado salir, y no solo eso, lo ha hecho intentando evitar que otras personas caigan en los mismos errores que él había cometido.

Nunca había conocido antes personalmente a un ludópata, cuando lo supe me sentí muy mal, pero decidí apostar por la persona en si.

Las cosas a veces no son como uno espera que sean, y si no tienes una capacidad de aguante admirable, normalmente te dejas llevar a una espiral de gasto incontrolado, piensas que unas monedas en una máquina o unos simples cartones en un bingo no pueden hacer que eso derive en una auténtica adicción que no puedas superar, lo cierto es que si no tienes a alguien de la familia muy próximo a ti en momentos como esos, las cosas pueden complicarse hasta unos límites difíciles de asumir y de comprender.

Lo realmente difícil es admitir ante ti mismo que las cosas se te han escapado de las manos, y lo cierto es que si tú mismo no asumes el problema no tienes forma de resolverlo, he escuchado como un buen día él decidió que aquello no podía continuar, por fin había comprendido que había tirado por la borda una parte importante de su vida, recuerda momentos muy tristes y yo me doy cuenta de que apenas puedo ayudar, me paso noches intentando comprender porque no le ha hecho frente a la inseguridad, en lugar de esconderse detrás de un sin fin de gastos difíciles de mantener sin poner en peligro la estabilidad familiar tanto a nivel monetario como sentimental..

Nunca he entendido ese tipo de problemáticas que nosotros mismos nos creamos por nuestra propia inseguridad, pero aunque no las entendiera entonces, ahora lo hago, y mi única meta es conseguir que nunca mas vuelva a sentir la necesidad de entrar en esa dinámica del jugador, esa que solo conduce a la destrucción del matrimonio, a la inseguridad de los hijos, a la pérdida de todo lo que en principio se suponía valía la pena. Pero siempre hay alguien que vela por ti, en este caso ese alguien ha sido una madre que dejó atrás su vida por intentar devolverle a su hijo la paz y la fe en si mismo que había perdido, es quizás más duro para la familia más directa que para el que sufre la enfermedad en si, hay que ejercer un control férreo sobre la economía, o sobre lo poco que queda de ella, hay que intentar reflotar la vida de alguien que se la ha dejado en el camino equivocado, y eso no es tan sencillo cuando quien está inmerso en algo tan complicado es tu propio hijo.

Mi única meta es conseguir que nunca mas vuelva a sentir la necesidad de entrar en esa dinámica del jugador, que solo conduce a la destrucción del matrimonio, a la pérdida de todo lo que en principio se suponía valía la pena. 

Pero todo tiene su premio, y entre ella y la gente de la que se rodeó consiguieron lo que parecía imposible, recuperar la fe en una vida nueva y distinta, con el juego totalmente olvidado.

El ha perdido todo, no le quedo más que la dignidad para intentar recuperar su vida, y eso es lo que importa, levantarse, intentar superar los errores del pasado y reconducir todo de nuevo hacia la estabilidad y la felicidad perdidas.

se puede vivir sin jugar, lo que no se puede es vender la vida a una máquina que nos invita continuamente a su uso por su colorido y sus sonidos repetitivos, lo que no se puede es dejarse la consciencia en horas y horas de echar una moneda tras otra, en un vano intento por recuperar lo que llevamos perdido, lo que nos obliga a actuar así es la falta de confianza en nosotros y esa soledad de la que nos empeñamos en rodearnos.[/tmq_col]

No se puede vender la vida a una máquina, empeñarse en rodearse de soledad 

Es fácil decir estas cosas, es fácil para mi que solo he vivido el problema de pasada, y nunca en sus fases más críticas, pero pienso que todos tenemos la capacidad de rectificar y de dejarnos guiar por quien antes ha pasado por nuestro mismo problema. Por eso desde mi lugar te pido…. no te niegues la ayuda, no rechaces el apoyo de los tuyos, no faltes a las terapias si de verdad tienes interés por recuperarte, recuerda siempre que tú vida no es solo tuya, recuerda que las personas que te aman seguirán a tú lado, solo hay una condición para eso, que la voluntad y la fe en que podemos conseguirlo no nos haga flaquear, y una vez que notemos que empezamos a salir del pozo, comprometernos en la lucha por erradicar une enfermedad que puede acarrearnos muchos problemas, pero que sobre todo, puede, sin lugar a dudas, destruir nuestra vida.

Carmen

(pareja de un ludópata rehabilitado)

*Los familiares  en ocasiones, con toda la buena voluntad de ayudar, al encontrarse con el problema comenten errores que pueden agravarlo. Es muy importante consultar con profesionales y saber lo que se puede y no hacer en cada caso.

Testimonio Miguel

Hola, mi nombre es Manuel, tengo 32 años y voy a relatar resumidamente mi experiencia con el juego.

En mi caso, nunca fui una persona que tuviera el juego asociado a su vida, alguna quiniela y poco más… Hace ya unos años me aficione al póker, nada problemático ( o eso pensaba yo ) ya que no era algo constante, partidas con amigos, alguna partida online… todo parecía bajo control. Y digo parecía, porque no encuentro todavía la explicación de ese salto a lo que a la postre sería mi perdición, las tragaperras.

Entiendo que con el póker se me despertó algo que en mí estaba dormido. La ludopatía. No puedo decir qué me llamó la primera vez en esa «caja de luces».

Tengo tantas mentiras en la cabeza que no se si habría perdido algo de dinero en el póker, si empecé con algún amigo… sencillamente no lo recuerdo o mi cabeza no lo quiere recordar. Lo que sí recuerdo fue el cambio. El cambio que sufre cualquier ludópata.

Al principio iba al bar a tomarme un café y de paso echaba unos euros, después, iba al bar directamente a jugar y de paso me tomaba un café, aunque a decir verdad, el café a veces ni lo probaba. Pero éste cambio no se da de un día para otro. En mi caso, unos dos años. A lo largo de ese tiempo mis lista de prioridades fue cambiando, lo que al principio era echar unos euros en ratos muertos acabó teniendo más importancia que mis hobbys, siguiendo por mis amigos y acabando por mi trabajo y familia.

Era adicto al juego. Es algo simple de escribir, pero muy difícil de ser algo simple de escribir, pero muy difícil de asimilar… ¿cómo me puede estar pasando esto a mí? ¿Cómo voy a pagar esto y aquello, cómo voy a explicar esto en casa?

Las cuentas no salían y sólo se me ocurría una cosa para sacar dinero… la pescadilla que se muerde la cola; y la bola, cada vez más grande. Pero un día asimile que ese no era yo. Asimile en lo que se había convertido mi vida, cambios de humor, el autoestima por los suelos, mintiendo sin parar, no dormir, no comer… pero sobre todo y más importante, asimile que necesitaba ayuda, que por mí mismo nunca iba a poder salir de ese pozo.
Aquí llego la Asociación, Larpa ha conseguido dar un giro de 180° a mi vida. Desde el primer día me encontré con un grupo humano que me entendía, había pasado por lo mismo que yo y por fin, después de tanto tiempo, podía decir lo que sentía de verdad, sin mentiras.. Terapia a terapia, día a día, siguiendo las directrices marcadas, el camino se me ha hecho mucho más llevadero de lo que me podría haber imaginado, sólo me arrepiento de no haber tomado la decisión antes. Después de más de un año, asumiendo que las consecuencias tanto económicas como personales todavía tardarán en llegar al punto de partida y sabiendo que esta enfermedad me acompañará siempre, he recuperado mi vida.

No he llegado a la meta porque ésta es una carrera muy larga, pero gracias a LARPA y en especial a mis compañeros, he aprendido a vivir con ello y volver a ser feliz alejado del juego.

PD: Si pudiera darle un consejo a otra persona que se encuentre en la misma situación, le diría que el dinero se puede recuperar, pero el tiempo no.
Pide ayuda.

Testimonio Lucía

 A veces creo que fue un mal sueño, pero no, fue real, muy real, ese tiempo en que la palabra «vida», tal como yo la entiendo, perdió todo su significado, porque no fue vivir lo que hice durante aquellos meses.

No me da miedo mirar atrás, pero ya no quiero, he vuelto la cabeza demasiadas veces, y creo que ha llegado el momento de mirar solo hacia adelante. Nunca voy a olvidarlo, pero hace tiempo que he aprendido a vivir con mis alforjas malas y buenas, ellas me equilibran en mi camino.

Tenía una buena vida, no perfecta, pero era, a bastantes ratos, feliz. No sé cuál fue la causa, le he dado mil vueltas, he analizado la situación en la que estaba, pero por más que lo pienso, no había nada especial, distinto, que me empujara hacía la evasión, hacia el juego, nada diferente de otras etapas complicadas que he atravesado a lo largo de mi existencia. No, no tengo ninguna coartada, ninguna razón que explique el porqué, y sinceramente ya dejé de buscar los motivos por los que me convertí en una ludópata. Sólo sé que pasó, y que hay una parte de mí, que yo ignoraba, un lado irracional, compulsivo, descontrolado que está ahí. Pero ya no me da miedo, ahora me conozco más y el conocimiento me aporta tranquilidad, sé lo que hay, y me considero lo bastante fuerte y equilibrada como para convivir con ese otro aspecto de mi personalidad.

Pero vuelvo a la carretera vertiginosa y sin arcenes por la que conduje durante aquellos meses, porque eso fue aquel tiempo, una carrera sin frenos -hacia la nada,- hacia la pérdida total del rumbo de mi vida. En un abrir y cerrar de ojos me vi atada a un ordenador, más concretamente a una ruleta online (cámbiese por tragaperras, apuestas deportivas, lotería o cualquier otro juego de azar). Lo que empezó como un mero entretenimiento, que yo creía que me relajaba y descargaba de las tensiones del trabajo, se convirtió, sin darme cuenta, en la razón de mis días, y se adueñó de mis pensamientos porque jugaba cuando jugaba y también jugaba cuando no lo hacía, porque en mi mente sólo estaba el cuándo y cómo iba a jugar. Las deudas se multiplicaban y la buena situación económica de la que disfrutaba antes de meterme en aquella vorágine se esfumó en un instante.

La vida social fue despareciendo poco a poco porque mis horas de ocio estaban destinadas, con prioridad absoluta, al juego. Mi familia, pareja, amigos pasaban a segundo plano, algo que para mí era impensable estaba sucediendo.

Al principio no te das cuenta, pero luego es peor, porque empiezas a tomar conciencia de que algo pasa, pero no admites su gravedad, crees que tú sigues teniendo el control, que lo puedes dejar cuando quieras, pero es una gran mentira.

Y de repente, te das cuenta, como un puñetazo en el estómago, que no eres tú, que nunca has sido tú el que manda, que el juego se ha apropiado de tu vida y que te has convertido sin darte cuenta en un juguete, un juguete roto.

Así fue como en el escalón más bajo, hundida, avergonzada, llena de miedos, me decidí por fin una mañana de un, parece tan lejano, trece de marzo, a confesarle a mi hermana todo lo que estaba sucediendo, el profundo pozo donde me hallaba, y en el que me había metido yo solita. Entonces llegué al Larpa.

A partir de aquí ha sido un largo trayecto, con fases de dolor, arrepentimiento, inculpación, flagelación, búsqueda, análisis, razonamiento, aceptación, recuperación y al fin he retomado mi vida, no he recuperado la que dejé atrás, porque no se puede volver al punto de partida, y eso no es malo. Cuando salimos de este profundo túnel donde nos internamos no nos espera la vida que dejamos, nosotros somos distintos, nuestra vida no puede ser igual, pero no significa que sea peor, para nada. En mi caso, todo este aprendizaje me ha servido para saber que deseaba recuperar aquellos proyectos que me apasionaban, y que por distintos avatares, se habían quedado rezagados por el camino.

La fuerza para salir de los baches de la vida está siempre en nuestro interior, a veces no nace por generación espontánea, si no que tenemos que trabajarla día a día para conseguir forjar el motor que nos haga disfrutar realmente de la vida, y nos lleve a ser mejores personas, y a reconocemos y queremos cuando nos miramos en el espejo.

Nada de todo esto, de la persona que soy ahora, hubiera sido posible sin mi familia, sin mi pareja, sin su comprensión y apoyo. Gracias por acompañarme durante todo este recorrido. Gracias por estar siempre a mi lado, aprendiendo a volver a sonreír conmigo durante todos estos meses. Os quiero.

Quiero agradecer, (perdonad todos los que no nombro), a Maxi, a Alberto, a Luciano, a Paolo, a Aída… y a todos y cada uno de los que hacen posible que exista esta imprescindible asociación. Gracias especialmente a Lucia por su comprensión y dulzura durante la tarde de mi acogida.

Y por encima de todo, quiero dar las gracias a mi grupo de los miércoles, donde desde el primer día, cuando vomité todo lo que tenía dentro y mis lágrimas no me permitían ver sus rostros, me he sentido aceptada, escuchada, confortada, respaldada, comprendida…

Al final lo mejor no es haber llegado sana y salva a puerto, sino los buenos compañeros y compañeras de viaje que me han acompañado en esta larga travesía.

Gracias a todos de corazón.

Padres – La familia un apoyo indispensable

Somos una familia humilde, gente trabajadora y luchadora. Tenemos tres hijos.

Nuestro calvario empezó en los días previos a la Navidad de 2013, cuando una persona AMIGA (y resalto lo de AMIGA porque hay que ser muy amigo y muy valiente para atreverse a dar semejante noticia a una madre) nos avisó de que nuestro hijo estaba jugando en exceso a las tragaperras y nos recomendó estar alerta.

Ese mismo día, cuando llegué a casa, lo primero que hice fue hablar con él y preguntarle por el asunto, pero él lo negó una y otra vez. Después de esa conversación, y de aconsejarlo acerca de los peligros del juego, nuestra vida volvió a la normalidad.

Sin embargo, pasadas las fiestas navideñas, cuando él vuelve a la ciudad dónde en septiembre había empezado a cursar sus estudios, comprobamos que se había gastado todo el dinero de sus regalos de Navidad. Obviamente, en un primer momento su reacción fue negarlo todo, pero ante la presión ejercida terminó por confesar que se lo había jugado.

En ese momento decidimos organizar una reunión familiar en la que participamos nosotros (sus padres) y sus hermanas, y conseguimos convencerlo de que tiene un problema, que más que un problema es una enfermedad, y de que necesita ayuda psicológica para superarlo.

Después de varias negativas, ante nuestra insistencia, comenzó a ir a un psicólogo en la misma ciudad en la que estaba estudiando, lejos de nosotros y de nuestro control, cosa que solo sirvió para alargar en el tiempo el problema, puesto que su colaboración en aquel momento era nula.

En junio, al finalizar el curso universitario, nos dijo que no tenía que acudir a consulta hasta la vuelta de las vacaciones de verano, ya que su psicólogo lo había visto mejor. Otra mentira más.

Cuando apenas llevaba un mes de vuelta en casa, volvió a jugar, y al descubrirlo, descubrimos también que la historia del psicólogo era una nueva mentira. En esta situación, decidimos buscar otro profesional, esta vez más cerca de nuestro domicilio, para así poder llevar un mayor control de sus consultas.

En esas mismas fechas, comenzó el nuevo curso y con él una nueva sangría de gastos y mentiras para continuar manteniendo su ritmo de juego. Apenas un mes antes de finalizar el curso, tomó la decisión de abandonar los estudios y ponerse a trabajar. Nada ni nadie consiguió convencerlo de lo contrario.

Pasado el verano, en septiembre quiso comenzar unos nuevos estudios en una nueva ciudad, los cuales abandonó dos meses después de su inicio.

En todo este tiempo no dejó de acudir a la consulta del psicólogo, al que también intentaba engañar, consiguiéndolo en más de una ocasión. Sin embargo, esta vez no tuvo tanta “suerte”, ya que nosotros estábamos más cerca y mucho más alerta si cabe, y conseguíamos ir informando en paralelo de sus andanzas.

Esa doble presión dio lugar a que a principios del año siguiente tomara la decisión de no acudir más a sus consultas. En esta situación, fue el propio psicólogo quién nos aconsejó acudir a la Asociación LARPA, ya que consideraba que de otro modo, dejando de recibir ayuda, nunca conseguiría vencer la enfermedad.

Esa misma semana acudimos a LARPA, y Maxi, encargado de nuestra acogida, nos explicó las nuevas pautas a seguir: hábitos a cambiar, control de dinero, etc. Ahí empezó nuestra terapia.

Todas las semanas que la situación laboral lo permitía, acudíamos puntualmente a las terapias y empezamos a aplicar los consejos que nos iban dando. Parecía que todo evolucionaba favorablemente, hasta que de nuevo en fechas próximas a las navidades descubrimos que durante los 7 meses anteriores había estado llevando una vida paralela a su rehabilitación en LARPA, jugando a menor escala, pero generando igualmente nuevas deudas con amigos para poder seguir jugando ajeno a nuestro control.

En ese momento, el mundo se nos vino encima, por cada puerta que nosotros le cerrábamos él abría otra, era un suplicio ver que no éramos capaces de recuperarlo.

Sin embargo, por fin, en ese momento algo cambió en su cabeza. Con mucho sufrimiento conseguimos que esta vez de verdad reaccionara y empezara a manifestar los cambios que a día de hoy nos tienen esperanzados en su recuperación.

En estos momentos es cuando valoras y te das cuenta de la importancia que tiene la Asociación, sin ella sería, sino imposible, sí muy difícil su rehabilitación. Desde su presidente, Maxi, que con su experiencia y buen hacer es un ejemplo a seguir, continuando con los psicólogos, monitores y trabajadora social, hasta cualquiera de los familiares que allí nos cuentan sus experiencias, de las que sacas siempre algún aprendizaje, y que te ayudan a sobrellevar mejor la rehabilitación. Su apoyo es imprescindible e impagable.

Este es un poco el resumen de la evolución en el tiempo de su situación personal. La evolución de la familia va paralela a la del enfermo, con muchos altibajos anímicos.

Nosotros, los padres, a pesar de estar convencidos de que solo estando más unidos que nunca podríamos ayudar a rehabilitar a nuestro hijo, discutimos más de lo que lo habíamos hecho durante los 25 años anteriores. Sus hermanas, sufrieron unas veces al lado, otras en la distancia, por él y por nosotros, pero nunca dejaron de apoyarlo y aconsejarlo. Pese a tanto dolor nunca dejamos de tirar todos en la misma dirección, de mantenernos firmes a su lado y luchar como titanes para que él recuperara esa normalidad que hoy vemos más próxima.

Sabemos que siempre necesitará un control, que deberá de tener ciertas precauciones, pero siempre nos tendrá a su lado, porque como reza en la Asociación «El sólo no puede, pero solo él puede»

Hermanas

Nunca nos vamos a olvidar de aquella noche, de hace ya 6 años, en la que nos tropezamos por la calle, a la puerta de un bar de copas, y nos contaste, con tanta inocencia como ilusión, que habías ganado unos euros en una máquina.

Con la misma ingenuidad con la que tú lo narraste, nosotras respondimos con un consejo: “no juegues a eso. La suerte de ganar no se repite a menudo y crean adicción”.

Tu respuesta fue tranquila: “ya, ya lo sé, solo metimos el vuelto de una consumición”.

Seguramente aquel dinero desapareció en una generosa invitación a los amigos que te acompañaban esa noche.

El episodio lo comentamos con papá y mamá, que en aquel momento estaban de viaje; pero pronto se quedó en una anécdota.

Para nosotros la vida siguió con normalidad, y es posible que para ti aquello fuese el inicio de tu “mundo paralelo”.

No fue hasta unas navidades, un año y medio después, cuando nos dieron la voz de alarma con un aviso sobre tu posible relación patológica con las máquinas. El mundo se nos vino encima. Recordamos aquella noche. Recordamos aquellas palabras. Todo comenzó a encajar, como si de un puzzle se tratase. Los gastos excesivos, algunos comportamientos… Empezamos a encontrarnos de cara con todas tus mentiras y también con tu muralla, con tu negación al problema, con tu aceptación de nuestras condiciones solo para tenernos contentos y no para salir de esa enfermedad que te había atrapado y que tu aún no reconocías.

Tras conocer a dos psicólogos, y muchas consultas y unas cuantas batallas después, llegamos desesperados a esta maravillosa familia, llamada LARPA.

La historia a partir de aquí muchos ya la conocéis, así que no vamos a enrollarnos mucho más.

Han sido 2 años de terapia, en los que ha habido verdades y mentiras, avances y retrocesos, subidas y bajadas, tantas como si de una montaña rusa se tratase.

En este tiempo, vivimos y compartimos muchos sentimientos en esa terapia de familiares:

Dolor, frustración, rabia. Por verte marchar, impasible, lejano. Tenías una coraza infranqueable que nos imposibilitaba llegar a ti. Sentíamos que no podíamos sacarte de ese pozo en el que habías caído.

También dolía ir a casa. El ambiente ya no era el mismo. Tristeza, tensión, y estar vigilantes constantemente.

Dudas y Desconfianza. Algo que ha sido la parte más dura de nuestra recuperación, volver a confiar en ti, a pesar de desear poder hacerlo con todas nuestras fuerzas.

Miedo. A equivocarnos, a no poder ayudarte. A volver a caer.

Ilusión, por verte luchar. Felicidad, por verte mejorar.

Orgullo, por nuestros padres, por nuestra familia, por ti.

Gracias LARPA por vuestra labor. Gracias a todos y cada uno de los que habéis caminado con nosotros estos años.

Testimonio de Mujer de ludópata

Hola, me llamo M. y tengo 58 años, quiero contaros la historia de mi vida unida a la ludopatía por la enfermedad de mi marido.

Antes de conocer el problema mi vida era un infierno, yo sabía que pasaban cosas, a mí nadie me decía nada, me echaban a mí las culpas de que gastaba mucho en comer, yo creía que gastaba lo normal como cualquier familia, el dinero desaparecía de mi bolso, un día sí y otro también, un día tenía dinero, otro día veía que no lo tenía y yo no sabía que pasaba, sabía que algo no iba bien pero no sabía que.

Me entere del problema porque su antiguo jefe me llamo un día para contármelo y entonces el me confeso que era verdad, que tenía un problema con el juego y que había que buscar un centro, que él sabía que existía algo así como LARPA y así fue como empezamos a buscar.

Acudimos a nuestro médico de cabecera para que nos aconsejara. Sabíamos que había algún sitio al que acudir y el propio medico nos lo busco por Internet.

Cuando ya supe que pasaba lo primero que sentí fue alivio, porque al fin sabía cuál era el problema real, y que era lo que ocurría, en ese momento mi mayor apoyo lo tuve en mis hijos, ellos fueron los que me animaron a llevar adelante la batalla y a no rendirme, fue muy duro, nos costó pero dijimos que había que tirar para adelante, de esto su padre tenía que salir e intentamos ayudarle todo lo que pudimos.

En LARPA nos acogieron muy bien, allí vi que se podía hablar de tu problema, no como con otra gente, que aunque lo contaras no lo entienden y aquí estábamos todos igual.

En un principio nos sentimos abrumados por la cantidad de deudas que había generado, las tenia de todo tipo, con bancos, financieras, amigos, clientes, familiares, incluso amigas mías, creí que me volvería loca, pero poco a poco nos fuimos organizando, cuando peor estábamos Maxi nos hizo un croquis para organizarnos los pagos, cada mes se pagaba a una persona, otros meses a más de una y lo de los bancos según iba viniendo, y así vamos haciendo, ya se ha quitado mucho, de aquella primera parte casi esta todo resuelto, aun así nos quedan deudas Sobre todo de bancos, de gente poca, eso me parece un paso importante, porque cada vez que tachas a alguien de la libreta te sientes muy bien.

Al principio me costó muchísimo hacerme cargo de todo, porque claro, pase de no llevar nada, de no hacer nada a tener que llevarlo todo, tener que controlarle a él y además tener que vigilar hasta el último céntimo, mis hijos siempre colaboraron en todo conmigo, siempre lo hicieron los dos, incluso mi nuera y la novia de A..

La primera recaída que tuvo mi marido la lleve fatal, porque no pensé…. Yo sabía que podía haber recaídas pero yo no pensé que me fuera a tocar a mí, con esa recaída se me volvió a hundir el mundo.

Con la segunda ya fue él no va más, porque en ese momento creí que iba a ser incapaz de salir del juego, en este segundo contratiempo me costó mucho más recuperarme, fue terrible y, a día de hoy todavía tengo mucho miedo.

Ahora me encuentro mucho mejor, desde hace 7 meses ya no hay mentiras (quiero creer que de verdad es así) por lo que del 1 al 10 me veo ya en el 7, y si, es todo distinto.

Cuando vea todas las deudas tachadas pensare que se ha ido quitando y pienso que parte del problema ya se habrá solucionado, aunque para mí lo más importante es el, que no vuelva a recaer. Prefiero no pensar en el futuro, prefiero pensar en el día a día, porque yo creo que ahora, por fin, vamos a salir de la maldición de la ludopatía.

Creo que Mateo (nuestro precioso nieto) nos va a ayudar a ver las cosas desde otro punto de vista, él sabe que no puede volver a fallarnos, y el hecho de poder dejar de ver al niño le hará ser más cuidadoso para no volver a hacer las cosas mal.

Quiero también agradecer a todos los monitores y a todos los profesionales de LARPA el cuidado y el cariño que nos han demostrado, su acogida y sus pautas me han ayudado a salir adelante cuando ya pensaba que no podía. También pienso en mis compañeras del taller de escritura terapéutica, al principio no quería pero me convencieron y al final me vino bien porque compartí confidencias y vivencias que de otra manera no hubiera podido. Se hablaba también de LARPA porque se contaban cosas, éramos compañeras con un mismo problema y me vino genial.

Hacer este testimonio me ha venido muy bien, por eso animo a todos a que hagáis lo mismo, contar nuestras historias puede ayudar a otros así que les recomendaría que contasen su vida desde que entran en LARPA hasta que salen. Salir, yo no voy a salir, me refiero hasta que terminan y les dan el alta. Nuestra idea es continuar y ayudar en lo que podamos.

No quiero dar nombres para no olvidarme de nadie así que gracias, muchas gracias a todos por escucharme y por arroparme con tanto cariño durante todo este tiempo.

Testimonio Víctor

Hola, para los que no me conocen, mi nombre es Víctor. Empezaré por decir que llegué a la Asociación hace un año y medio, en el mes de diciembre del 2016.

Para decir la verdad, fue forzado por mi mujer y por mi hermana, si hago memoria creo que llevaba jugando muchos años, más de diez, pero los últimos dos años ya no podía controlarlo, intenté dejar de jugar por mi mismo, realizaba la promesa de no hacerlo y rompía la promesa una y otra vez.

Mi mujer se dio cuenta que por nosotros mismos no íbamos a poder lograrlo y encontró a través de internet la Asociación para pedir ayuda y así llegamos hasta aquí.

Diré que el primer día que me hizo Maxi la acogida no tenía ninguna confianza en poder lograrlo y que este método de terapias fuese eficaz, parecía imposible que solo con venir todas las semanas y escuchar a otras personas que estaban en mi misma situación y siguiendo las normas de control que desde un inicio tanto a mi mujer y a mi nos dieron, se fuese capaz de conseguir vivir sin jugar.

No voy a decir que fue fácil, al menos al principio el hecho de que te controlen te pone de mal humor, pero sigues haciéndolo porque te das cuenta que tu familia también vive con mayor tranquilidad, y al cabo de un tiempo esto va formando parte de la nueva forma de vivir y de una rutina y a día de hoy, puedo decir que no siento la necesidad de ir con mucho dinero en la cartera y tampoco veo la necesidad de llevar una tarjeta de crédito.

Puedo decir que duermo bien, me siento más libre y mucho más feliz, existe más comunicación con mi mujer, y sobre todo me he liberado de las mentiras que siempre estaban presentes en mi vida debido al juego.

Solo tengo palabras de agradecimiento para todos.

A Maxi que fue la primera persona con la que hablé y que es la cabeza visible de esta Asociación y está pendiente de todos. A los psicólogos y a los monitores que de manera desinteresada cada semana nos escuchan, en especial a Moisés y a luis que han escuchado todas mis peroratas cada día de terapia. y también a los compañeros de terapia que cada uno con su propio problema, han conseguido que yo sea más consciente del mío, y esa realidad me hace más fuerte. Por supuesto, también a mi familia, que me han tutelado y me han dado ánimos para seguir cada día fortaleciendo la voluntad de no volver a jugar.

Este momento para mi no es el fin de nada, es el principio de todo. Voy a seguir acudiendo cada semana siempre que me sea posible y si mi testimonio ayuda a otras personas, será una manera de devolver la ayuda que en su momento se me ha prestado a mi.

Testimonio Roberto

Hola, me llamo Roberto, estoy casado y tengo dos hijos y un nieto. Tengo una familia que siempre me ha ayudado, nunca me he sentido solo porque, ellos, siempre están a mi lado.

Si cuento esto es porque tengo una enfermedad, se llama ludopatía. Mucha gente ni sabe ni logra entender que es un ludópata, la verdad es que me parece normal dado que yo tampoco lo entendía.
Mi historia es como la de la mayoría de ludópatas, empiezas a jugar casi sin darte cuenta y, poco a poco te vas enganchando hasta el punto de no saber ni poder parar.

Hasta los 51 años apenas había jugado alguna quiniela, algún cupón de la Once o la clásica Loteria de Navidad. Me imagino que como cualquier persona de las que se dicen juegan de una manera normal.
Sin embargo, a partir de esa edad empezó todo a convertirse en un auténtico calvario, jugar, mentir, volver a jugar, volver a mentir y, como no, jugar hasta límites insospechados. Y las mentiras…. Llevaba tanto tiempo mintiendo que apenas reconocía la verdad.

He jugado a todo tipo de juegos, incluidos aquellos en los que apenas conocía, jugar por jugar, como el póker o las apuestas deportivas.

Durante cuatro largos años arruiné mi vida y la de mi familia. Destruía todo lo que tocaba. Pero yo seguía jugando, era la única manera que tenía para continuar mintiendo y esperando la llegada del tan ansiado premio que pudiera hacerme recuperar las cifras de todos mis trapicheos y mis sistemáticas perdidas de dinero.
Para seguir jugando, pedí préstamos a entidades bancarias, a financieras, microcréditos y también prestamistas.
Mi vida cada vez se hundía mas y yo no reaccionaba, casi me parecía algo normalizado.
Cuando ya me fue imposible conseguir más créditos comenzó mi verdadera tortura, pensaba que había tocado fondo, pero aún me quedaban por pasar los peores momentos.

Como buen ludópata y excelente embaucador comencé a pedir dinero a amigos y familia, pero no era suficiente para seguir jugando y, entonces comencé con los clientes. Tengo la media suerte de caer bien y mentir todavía mejor. Conseguí dinero de casi 100 clientes, pero yo seguía jugando cada vez más descontrolado.
No tenía fin, todo era poco para jugar, sabia de sobra que tenía un problema, y muy gordo, pero, como no, me mentía incluso a mí mismo día tras día. Era un cobarde que solo sabía buscar dinero para satisfacer mi adicción. Por fin, un día se descubrió todo. Nunca olvidaré la cara de mi familia, las lágrimas de mi mujer y la mirada decepcionada de mis hijos.

Fue a primeros de Junio de 2015. En ese momento me llevan al médico en busca de ayuda porque no sabían a dónde acudir, por suerte para mí, Vicente, mi médico de cabecera nos recomendó acudir a LARPA. Aquí comenzó mi nueva vida, me abrieron las puertas, me apoyaron y me di cuenta de que mi familia y yo no estábamos solos.
No fue fácil, todo lo contrario, fue una época llena de contradicciones, por un lado estaba mi autoestima, mis valores, me sentía un auténtico desgraciado. Fue mucho el daño que hice a familiares, amigos, clientes, compañeros y jefes.

Sabía que si seguía las pautas, tarde o temprano acabaría recuperando mi vida porque a pesar de sentirme tan culpable por todo lo que había hecho tenía la ayuda de mucha gente. De forma que, intente centrarme en dejar definitivamente de jugar. Para ello conté con la ayuda de monitores, psicólogos, y la forma incondicional de arroparme mi gente.

Pero soy ludópata y mentiroso, durante un año y medio no jugué pero oculte deudas, con lo cual, paso lo que tenía que pasar, recaída y vuelta a empezar, volver a sufrir, volver a esconder, volver a engañar.
Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, os puedo asegurar que algunos tropezamos bastantes más.

A los 8 meses de mi primera recaída llego la segunda y todo por mantener la incongruencia de continuar escondiendo deudas, por seguir siendo un cobarde, por no dar la cara y seguir viviendo de mentiras.
Ahora llevo siete meses sin jugar, por fin soy medianamente feliz y sé que no tardando volveré a ser feliz del todo… ¿sabéis por qué? Porque, al fin, he soltado todo, ya no tengo secretos, he recuperado la valentía, la seguridad en mí mismo. El ludópata piensa en cómo reaccionan los demás y lo que realmente tenemos que hacer es decir la verdad porque la gente que nos quiere siempre nos ayudará.

Ojala hubiera hecho caso a mi llegada a LARPA, las personas que, como yo, han pasado por eso, intentaron convencerme de que era absurdo no contarlo todo de una vez, aun así les mentí a ellos (como si realmente eso fuera eficaz para mi). Mentía en las terapias. Pensaba que simplemente con no jugar ya me estaba rehabilitando, sin darle la importancia debida a todo lo que me había callado.

Después de un error tras otro, de un nuevo perdón de mi familia todo estaba en el aire. Realmente mi rehabilitación autentica comenzó hace 7 meses, cuando desnude mi alma y conté absolutamente toda la verdad.
Actualmente mi felicidad aumenta al mismo tiempo que aumenta la fe de mi familia en mi recuperación, con la tranquilidad de saber que ahora sí, ahora llevo tiempo haciendo las cosas BIEN. Ahora mismo, mi prioridad es salir del todo de este infierno y demostrarme a mí mismo (y también a los demás) que puedo ser una persona normal.
Quiero deciros por último que los ludópatas no estamos solos, que LARPA va a estar ahí siempre para ayudar, pero hay que ser consecuentes y actuar respetando las pautas como única forma de llegar a la meta de la rehabilitación, que no es otra que aprender a disfrutar de la vida y dejar el juego apartado por completo de nuestras vidas.
Quiero agradecer a Maxi y Carmen por ser parte de LARPA, a los monitores y colaboradores, a los psicólogos Paolo, Aida, e Iván. Y a Lucia como parte imprescindible para las familias.

Tengo que dar unas gracias muy especiales a mi primer monitor, José Antonio, que no pasa por buenos momentos de salud, a mi amigo y compañero Iván, por su santísima paciencia al acompañarme en los peores momentos. Pero también quiero agradecerles su paciencia a Paco, Luis, Moisés, Pedro, Maite, Balbi, Conchi, Manolo, Ilu, Fabián…..si alguno no nombro que también se dé por aludido porque no tengo palabras para agradecer su dedicación.
No puedo acabar sin decirle a mi mujer que me siento muy orgulloso de ella, de todo lo que ha luchado por mí sin tirar la toalla a pesar de todo lo que la hice padecer. A mis hijos por ser una parte fundamental de mi rehabilitación, a sus chicas por ayudarles a sobrellevarlo y a mi nieto Mateo, ese por el que voy a mantenerme firme para no volver a equivocarme.

MI OTRO YO.

Buenas, soy un chico de 23 años, ludópata desde los 18 y en proceso de rehabilitación en Larpa desde los 21. Por suerte para mi soy uno de los primeros de todos esos chicos jóvenes que hoy se encuentran con ese problema y que por desgracia para ellos vendrán detrás o más tarde, debido al ‘‘boom’’ que están produciendo las apuestas deportivas online.

Ahora quiero centrarme en mi testimonio, os contaré como ha sido mi vida con el juego, pero antes os relataré brevemente mi vida para poneros en la situación de como soy y como es mi entorno.

Considero que tuve una gran infancia, la recuerdo con mucho cariño, fui muy feliz. Disfrutaba mucho de mi familia, de mis amigos y de mis hobbies; la pesca con mi padre, el fútbol federado, cualquier juego popular con mis amigos en el parque, etc nada me hacía pensar que acabaría siendo ludópata, pero así fue.

Antes de ser jugador se muere mi abuelo paterno, algo que me marca para el resto de mi vida y con la que creo que maduro un poco, abro un poco los ojos sobre los caminos de la vida. Continué dos años siendo el mismo y disfrutando de las cosas sin necesidad de recurrir a ningún juego de azar como modo de escapatoria.

Hasta este momento de mi vida fui yo, lo que viene a continuación empezó a cambiarme y a dejar de ser lo que era.

Cuando tenía 17 años comienzo a tontear con las máquinas tragaperras, comienzo a jugar las vueltas del café con mis amigos, o estando de fiesta la vuelta de la consumición que hubiésemos pedido; ahí comienza mi historia ludópata, todavía no es un problema, pero está comenzando, no pienso en ello ni dependo de ello, está controlado. Todo va creciendo poco a poco la verdad, no incremento demasiado las cantidades que me juego.

En 2013 cuando me marchó a estudiar fuera es cuando de verdad me empiezo a sentir ludópata, sin la presencia de mis amigos y estando yo solo, empiezo a descontrolar gastos y a jugar otro tipo de juegos que hasta el momento no había jugado, conozco las apuestas deportivas, la ruleta y el póker, que aunque era conocedor de él nunca había sabido jugar de una manera competitiva por llamarlo de algún modo.

Ahí es cuando mi cabeza empieza a trabajar como un ludópata y me domina. Todavía mantengo un poco de cordura, que se irá esfumando durante el transcurso de mi primer curso universitario, el cual, no fue tan malo a pesar del problema.

Es en el comienzo del segundo curso cuando se descontrola todo y dejo de ser yo, paso a estar dominado por mi mente y mis pensamientos; a todo esto debo sumarle la muerte de un amigo en un accidente de tráfico, otro problema más que no iba a enfrentar como debía y que iba a utilizar como excusa para jugar más quizá. Empiezo a vender cosas para conseguir dinero para poder jugar, aparecen las mentiras a familiares y amigos, las excusas…y lo que es peor dejo de lado los estudios, arruino mi presente y mi futuro, y por supuesto el de la gente que me rodea y me aprecia.

Mi familia se empieza a dar cuenta del problema, acudo a psicólogos quizás solo por tranquilizar las cosas aunque mi mente sigue pensando el maldito juego, siento que no lo puedo sacar de la cabeza no más que por unas horas, no me concentro en lo que hago, dejo de disfrutar de las cosas como lo hacía antes, no compito en los deportes que siempre me habían encantado como lo hacía…

Todo esto conlleva a que abandone mi carrera universitaria y en ese verano comience a trabajar e intentar reponer todo lo que había barrido y llevado por delante, pero es igual, no soy consciente del problema y del daño que estoy causando, sigo siendo jugador y juego. Finaliza este verano y decido intentarlo de nuevo con los estudios, lo cual no dura más de unos pocos meses, solo me sirve para aumentar mis deudas y mis ganas de jugar.

A partir de este momento mi psicóloga decide que me ponga en contacto con Larpa, no porque no pudiese ayudarme, sino porque yo no me dejaba ayudar, como dije antes creo que iba por complacer a mis familiares y no por recuperarme.

Aquí comenzó mi historia en la asociación, con una gran acogida, en la que te ponen en tu sitio, dejas de ser el rey del mambo que pensabas ser, de tener todo dominado a ser todo un caos, pero es así, hay que afrontarlo. Y así fue, comencé dos meses muy bien, en los que todo pintaba de maravilla, todo mejoraba, hasta que mi cabeza vuelve a pensar en el juego por las deudas que tenía detrás, unas deudas que no había contado a mi familia y que tenían que saber, el esconderlas me llevo a jugar y recaer, engañar a toda esa gente de la asociación, a mis compañeros de terapia y a mi familia, me hizo perder la poca confianza generada y de seguir así, tenía todas las papeletas para quedarme solo.

Ese momento fue el peor de mi vida, ver cómo estás hundiéndote a ti y a tu familia, ver como las personas a las que quieres lloran por ti y tu no puedes llorar por ellos porque eres de cartón, a partir de ahí me di cuenta de la magnitud de esta enfermedad y de que tenía que salir de ella sí o sí.

Y aquí estoy, un año y tres meses después de todo lo que causé, escribiendo este testimonio sobre mi vida con el juego, para deciros que llevo sin jugar desde entonces, que se puede salir de la enfermedad y que vivir sin el juego, es vivir.

Actualmente sigo en rehabilitación y acudiendo a la asociación para seguir luchando y nunca olvidar de donde vine y donde estoy.

Por último dar las gracias a todos los miembros de Larpa que luchan tanto por nosotros, a todos los compañeros que conocí hasta ahora en la asociación y a mi familia por estar ahí siempre.

Que feliz soy por volver a ser yo.

De la diversión a la ludopatía

Hola mi nombre es Fabián y voy a contar resumidamente algo que paso en mi vida que me marco a fuego, la  ludopatía…, .no puedo decir que el juego formo parte de mi vida porque no lo fue, era algo que hacia en determinadas ocasiones, como reuniones familiares o salidas con amigos, luego con mi mujer salíamos a comer y en ocasiones nos metíamos en un bingo, ya que se comía muy bien allí y jugábamos unos cartones mientras lo hacíamos. Nos gustaba la idea y repetimos muchas veces, hasta aquí todo era diversión, pero ya no lo era cuando me di cuenta que no me hacia falta compañía para meterme en un sitio de estos.

Luego pasé a algo mas dinámico y que nublo mi mente por completo, las tragaperras, a partir de esto mi vida dio un vuelco terrible, sin darme cuenta entre en una espiral decreciente que arruino mi vida emocionalmente y económicamente. se me hacia muy duro empezar el día pensando como iba a hacer para llegar a fin de mes sin dejar de pagar las cosas y atendiendo mi casa como lo había hecho toda la vida, para esto había que tapar muchas cosas, tratar de poner buena cara, mentir, mentir y mentir hasta que ya no se pudo mentir más y esto salió a flote, no tuve mas elección que contárselo a mi mujer.

Su reacción no fue la esperada por mi, lo encajo bastante bien ya que ella creía que la engañaba con otra mujer, por mi actitud y mis cambios de carácter, pero de todas formas la engañaba… En ese momento fue cuando decidimos buscar ayuda y encontramos esta asociación y sin dudas fue lo mejor que me podía haber pasado. Aquí encontré un sitio con gente en mi misma situación, con la cual podía hablar y abrirme. A partir de aquí mi vida dio otro vuelco pero en este caso con una espiral ascendente, de a poco se me fue yendo la nube que tenia en mi cabeza, ahora puedo ver la cantidad de cosas que había dejado de lado, ahora puedo ver este problema en otras personas cosa que antes era incapaz de verlo en mi mismo…

Hoy en día  me siento recuperado de esto, no significa que vaya a olvidarlo «eso es imposible”, la cicatriz quedará el resto de mi vida pero hay que seguir, ahora espero recuperar todo el tiempo que perdí, no tengo otra cosa en la cabeza, por esto quiero darle las gracias a esta asociación: LARPA que hace un trabajo fantástico y a todos mis compañeros que juntos semana a semana vamos sacando esto para adelante.

Muchas gracias

Fabián.

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